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Aproximación a la metafísica de Spinoza a través de la Proposición XXX del Libro I de la Ética |
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PROPOSICIÓN XXX
INTRODUCCIÓN: LA PROPOSICIÓN EN LA ÉTICA. Antes de enfrentar el estudio detallado de la Proposición 30, parece necesario comprender cómo se inserta ésta en la impecable red de razones de la Ética. Es decir, cómo es que en el libro titulado “De Dios”, el libro dedicado a la metafísica, cuyo objetivo es establecer la definición de la naturaleza de Dios, viene al caso lo que parece ser una consideración sobre los contenidos del entendimiento; y ya no simplemente del entendimiento infinito, divino, sino también del entendimiento humano. Ciertamente, el sentido de esta proposición en el primer libro de la Ética constituye, al menos a primera vista, un verdadero enigma. En adelante, será la mirada lúcida de Martial Gueroult quien sirva de guía para descifrar este enigma, sólo uno de entre tantos que pareciera guardar Spinoza (2). EL PUNTO DE PARTIDA: LO ESTABLECIDO DE LA PROPOSICIÓN 21 A LA 29. Con el grupo inmediatamente anterior de proposiciones, cuya conclusión parece ofrecerse en la Proposición 29, Spinoza ha avanzado hacia la definición de la naturaleza de Dios en la medida en que ha explicado la producción de los modos de Dios como una producción necesaria y no contingente; ha aclarado, en este sentido, cómo es que Dios, en tanto “naturaleza naturante”, produce la “naturaleza naturada” (3). En estos términos, se ha abordado y resuelto, hasta el momento, el problema de la causa divina en el primer libro de la Ética. Pero, para llegar a la definición decisiva de la naturaleza de Dios, Spinoza deberá atacar frontalmente la idea judeo-cristiana de la creación (4). Precisamente, es este último punto el que ocupa a la Proposición 30, cuyo planteamiento inaugura una nueva cadena de razones en el primer libro de la Ética (5); cadena en donde, cabe mencionar, también se insertan las tres proposiciones que la suceden. Las refutaciones sistemáticas que se plantean en este conjunto de proposiciones hacia la idea judeo-cristiana de la creación, alcanzarán su clímax en la Proposición 34, donde Spinoza establecerá la definición decisiva de la naturaleza de Dios a partir de la identificación de su esencia y su potencia (6). EL PRINCIPAL ANTECEDENTE: EL ESCOLIO DE LA PROPOSICIÓN 17. El antecedente más claro en el tratamiento del tema que toca abordar a la Proposición 30, la crítica a la noción tradicional de Dios creador, es el Escolio de la Proposición 17. La Proposición 30 pareciera constituir, de hecho, la demostración rigurosa de los pensamientos libremente expuestos en dicho Escolio (7). Allí, Spinoza reduce al absurdo ciertos fundamentos de la noción judeo-cristiana de Dios y hace evidente que: 1) la omnipotencia de Dios supone el poder de no crear aquello que se deriva necesariamente de su naturaleza y que está en su poder (8); 2) que el libre albedrío de Dios implica una discrepancia entre la infinitud de su conocimiento y la de su potencia, entre su omnisciencia y su omnipotencia (9); y 3) que el entendimiento y la voluntad atribuidos a la naturaleza de Dios sólo en el nombre pueden coincidir con las facultades igualmente denominadas en el hombre (10). A partir de esta última idea se establece, además: que las cosas existen perceptiblemente porque existen objetivamente en el entendimiento de Dios; que Dios es causa de todas las cosas, tanto de sus esencias como de sus existencias; y que, en Dios, el entendimiento y la voluntad forman una sola cosa (11). Así pues, Spinoza concluye que el entendimiento divino difiere de las cosas por él causadas, tanto en su esencia como en su existencia; y que, por ser una de esas cosas, el entendimiento humano difiere radicalmente del entendimiento divino (12). Con todo esto, Spinoza objeta la idea judeo-cristiana de que a la naturaleza de Dios le pertenecen el entendimiento supremo y la libre voluntad; facultades que le son irreflexivamente atribuidas a lo divino, sólo porque se consideran las facultades más perfectas del hombre (13). En oposición a esta postura, Spinoza establece: 1) que el entendimiento y la voluntad en Dios forman una unidad inquebrantable; y 2) que el entendimiento y la voluntad del hombre se distinguen totalmente, en esencia y existencia, de las facultades equivalentes atribuidas a Dios (14). Pero, ¿cómo se vinculan estas críticas generales a la noción tradicional de Dios con el problema específico de la creación? Entender a Dios a la manera judeo-cristiana, como poseedor de un entendimiento supremo y de una voluntad libre, es hacerse la idea de un Dios personalizado, antropomorfo, en tanto capaz de actuar intencionalmente, por libre elección o mero capricho (15). Frente a esta postura, que suscita la duda sobre el sentido que pueda tener una creación caprichosa, Spinoza concibe la producción de cosas por parte de Dios como una producción necesaria; según él, como ya se ha mostrado aquí a través de la Proposición 29, esta producción no es de ningún modo arbitraria, no está impulsada por una intención personal: es absolutamente necesaria y ajena a las inclinaciones de una cierta voluntad (16). Así pues, Spinoza opone a la noción judeo-cristiana de Dios, la de una potencia impersonal, libre de las operaciones independientes de la voluntad y el entendimiento, esto es, libre de la voluntad y el entendimiento humanamente concebidos (17). Y es que, como se ha dicho anteriormente, el entendimiento y la voluntad de Dios resultan indisociables, forman una unidad. Es en este marco de ideas que se abre el camino de la reflexión que ocupará a la Proposición 30.
EL ENUNCIADO DE LA PROPOSICIÓN. Spinoza establece puntualmente en la Proposición 30: “El entendimiento finito en acto, o el infinito en acto, debe comprender los atributos de Dios y las afecciones de Dios, y nada más” (18). No obstante, para entender el significado que encierra este enunciado, es necesario aclarar el significado particular de los términos que lo componen: 1) un sujeto compuesto: “el entendimiento finito en acto, o el infinito en acto”; 2) la forma verbal: “debe comprender”; y 3) los complementos directos del predicado: “los atributos de Dios y las afecciones de Dios, y nada más”. 1. “EL ENTENDIMIENTO FINITO EN ACTO, O EL INFINITO EN ACTO”. Hay que empezar por leer el término “entendimiento” como sinónimo de facultad de conocimiento (19). Luego, habría que aclarar el significado de “entendimiento en acto”: éste no constituye el contrario de un entendimiento en potencia, inconcebible para Spinoza; sino que se refiere al entendimiento puro (20). Y el entendimiento puro, que es necesariamente un acto, no es más que aquel entendimiento absolutamente libre de la imaginación, capaz de percibir las ideas verdaderas (21). Ahora bien, ¿cómo se distinguen el “entendimiento finito” y el “entendimiento infinito”? Sin duda, la finitud está referida al entendimiento humano, que es apenas uno de los efectos de ese otro entendimiento, el entendimiento infinito de Dios, causa de todas las cosas (22). Pero, una vez marcada esta diferencia, lo interesante es observar que, en tanto entendimientos en acto, el entendimiento de Dios y el del ser humano se equiparan: libres de la imaginación, ambos conocen las ideas verdaderas que, como se ha establecido anteriormente, lejos de ser producto de la libre voluntad de Dios, existen objetivamente en su entendimiento, de manera impersonal (23). El entendimiento puro, llámese finito o infinito, no puede ser más que uno: el conocimiento de la verdad (24). 2. “DEBE COMPRENDER”. En el planteamiento de que el entendimiento “debe comprender”, el verbo “debe” puede interpretarse de dos maneras: puede indicar una norma impuesta por el razonamiento, o una necesidad propia del entendimiento. En efecto, podría decirse que el entendimiento debe comprender por respeto al método deductivo, al orden geométrico rigurosamente impuesto por la razón, para evitar toda confusión proveniente de la imaginación. Sin embargo, esencialmente, pareciera que en Spinoza el entendimiento debe comprender por una necesidad intrínseca e innegable. En este sentido, el deber normativo no tendría otra función que revelarle al entendimiento ese otro deber: su necesidad inherente de percibir intuitivamente la verdad; de comprender, en este caso, los atributos y las afecciones de Dios (25). Además del sentido del verbo “debe”, cabría preguntarse: ¿qué sentido tiene la palabra “comprender” en este enunciado?, ¿el término se presenta como sinónimo de “contener” o de “entender”? Decir que el entendimiento debe entender resulta bastante redundante, cosa que impulsa a considerar que Spinoza se refiere aquí a la capacidad que tiene el entendimiento para contener ciertas ideas (26). 3. “LOS ATRIBUTOS DE DIOS Y LAS AFECCIONES DE DIOS, Y NADA MÁS”. Recuérdese que Spinoza define atributo como “aquello que el entendimiento percibe de una substancia como constitutivo de la esencia de la misma”, como esencia substancial perceptible por el entendimiento (27); es decir, que sustancia y atributo son términos equivalentes (28). Recuérdese, también, que Spinoza define a los modos como “afecciones de una substancia […] aquello que es en otra cosa, por medio de la cual es también concebido” (29); que las afecciones constituyen formas particulares de las sustancias (30). A saber, atributos y afecciones son indisociables de la sustancia: los atributos son su esencia propiamente dicha, en tanto perceptible por el entendimiento; mientras que las afecciones son sus manifestaciones específicas, ya sea en la extensión o en el pensamiento (31). Si a lo anterior se le agrega que “no puede darse ni concebirse sustancia alguna excepto Dios” (32), y que Dios es “una substancia que consta de infinitos atributos” (33), no queda sino aceptar que no hay sino atributos y modos de Dios, o bien, que los atributos y modos de Dios constituyen la realidad perceptible por el entendimiento, en extensión y pensamiento (34). Ahora bien, ¿puede existir algo más que dicha realidad? ¿Por qué Spinoza acota que el entendimiento no debe conocer “nada más” que los atributos y modos de Dios? Precisamente porque no hay nada real, nada verdadero, más allá de los atributos y modos de Dios, Spinoza advierte con esta acotación el riesgo que corre el entendimiento de ser contaminado por las ideas de la imaginación, que son falsas porque no tienen correlato real (35). El entendimiento, para permanecer puro, para aspirar a la verdad, debe mantenerse absolutamente libre de tales delirios imaginativos. REPLANTEAMIENTO DEL ENUNCIADO DE LA PROPOSICIÓN. Se ha visto que, para Spinoza: “El entendimiento finito en acto, o el infinito en acto, debe comprender los atributos de Dios y las afecciones de Dios, y nada más”. Tras haber revisado el significado de cada una de las partes de este enunciado, es posible replantearlo en otras palabras, simplemente para aclarar puntualmente su sentido. Podría decirse, que la Proposición 30 establece que: El entendimiento puro, humano o divino, debe contener las ideas de Dios: de sus atributos y sus afecciones, que son las ideas verdaderas; pero ninguna de las ideas de la imaginación, que son indefectiblemente falsas (36).
LA DEMOSTRACIÓN DE LA PROPOSICIÓN. Después de plantear el enunciado anterior, Spinoza procede a demostrar la Proposición 30 a través del siguiente esquema de razonamientos: “Una idea verdadera debe ser conforme a lo ideado por ella (por el Axioma 6), esto es, (como es por sí notorio): lo que está contenido objetivamente en el entendimiento debe darse necesariamente en la naturaleza; ahora bien: en la naturaleza (por el Corolario 1 de la Proposición 14) no hay sino una sola substancia, a saber, Dios, y no hay otras afecciones (por la Proposición 15) que las que son en Dios, y no pueden (por la misma Proposición) ser ni concebirse sin Dios; luego el entendimiento en acto, finito o infinito, debe comprender los atributos de Dios y las afecciones de Dios, y nada más” (37). A continuación intentará explicarse más detalladamente esta demostración, que podría dividirse en dos grandes partes. 1. ESTABLECIMIENTO DEL CRITERIO DE VERDAD DE LAS IDEAS EN LA CAPTACIÓN OBJETIVA DE LA REALIDAD PERCEPTIBLE. En primer lugar, Spinoza recurre al Axioma 6: “Una idea verdadera debe ser conforme a lo ideado por ella” (38). Aquí se hace referencia al criterio de verdad con el cual se juzgan las ideas del entendimiento: para considerarse verdadera, una idea debe coincidir perfectamente con la realidad que representa; una idea falsa, por el contrario, es aquella cuya representación no concuerda con la realidad que intenta representar (39). Cuando en la demostración anteriormente citada se afirma: “lo que está contenido objetivamente en el entendimiento debe darse necesariamente en la naturaleza”, se insiste en que las ideas objetivamente concebidas o verdaderas tienen, precisamente por ser verdaderas, una contraparte real o un reflejo en el mundo perceptible (40). 2. DEFINICIÓN DE DIOS Y SUS AFECCIONES COMO ÚNICA REALIDAD PERCEPTIBLE. En segundo lugar, Spinoza apela al Corolario 1 de la Proposición 14 que establece: “…que Dios es único, esto es, que en la naturaleza no hay sino una sola substancia y que ésta es absolutamente infinita…” (41). Dicho de otro modo, para Spinoza sólo existe una sustancia: Dios. Con esta consideración se asume que la realidad perceptible, en extensión y pensamiento, la naturaleza y Dios son una y la misma cosa (42). Además, en esta misma parte de la demostración, Spinoza acude a la Proposición 15, que plantea: “Todo cuanto es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni concebirse” (43). Partiendo de la idea anterior, que postula a Dios como única substancia, como única cosa capaz de ser en sí y concebirse por sí, esta proposición reafirma que todo lo que existe, existe en Dios y se concibe por Dios, que es sinónimo de realidad perceptible, en extensión y pensamiento, así como de naturaleza (44). Al establecer en su demostración que “no hay otras afecciones que las que son en Dios, y no pueden ser ni concebirse sin Dios”, Spinoza deja claro que toda forma concreta de la realidad, esto es, toda afección de la extensión o el pensamiento, es necesariamente en Dios; se sitúa necesariamente dentro de la inmanencia de Dios (45). REPLANTEAMIENTO DE LA DEMOSTRACIÓN. Tras estudiar paso a paso la demostración de la proposición en cuestión, es posible reconstruir el esquema de razonamientos de la siguiente manera: 1) Una idea verdadera es una representación objetiva de la realidad; supone, por lo tanto, la existencia de la realidad objetivamente representable. El entendimiento puro, llámese infinito o finito, comprende ideas verdaderas en la medida en que comprende ideas perfectamente fieles a la realidad perceptible, ideas objetivamente concebidas (46). 2) La realidad perceptible es sinónimo de Dios, ya que éste constituye la única sustancia existente. Por esto, en tanto representaciones objetivas de la realidad perceptible, las ideas verdaderas no son más que representaciones objetivas de Dios y sus afecciones, pues la realidad perceptible no es nada más que Dios, en los diversos modos del pensamiento y la extensión (47). Así queda demostrado que: “El entendimiento finito en acto, o el infinito en acto, debe comprender los atributos de Dios y las afecciones de Dios, y nada más”. O bien, como se planteó anteriormente: El entendimiento puro, humano o divino, debe contener las ideas de Dios: de sus atributos y sus afecciones, que son las ideas verdaderas; pero ninguna de las ideas de la imaginación, que son indefectiblemente falsas.
UNA DEMOSTRACIÓN ALTERNA. Lo anterior explica cómo la Proposición 30 queda demostrada con base en el Axioma 6, el Corolario 1 de la Proposición 14 y la Proposición 15. Ahora bien, como el sistema filosófico de Spinoza está rigurosamente concebido de acuerdo con el orden geométrico, esta proposición podría admitir alguna otra demostración; una demostración distinta, pero igualmente válida en tanto se fundamente en las definiciones, axiomas y proposiciones en las que se sostiene la perfecta coherencia de la Ética. Sin duda el camino alterno de demostración más obvio, está presente en el Escolio de la Proposición 17; allí, como se ha dicho al principio de este trabajo, se presentan todos los argumentos que posteriormente utilizará Spinoza para demostrar la Proposición 30 (48). Este camino alterno de demostración podría construirse sobre la siguiente cadena de razonamientos: 1) Dios es causa de todas las cosas, tanto de sus esencias como de sus existencias; 2) Dios no causa las cosas arbitrariamente, sino por pura necesidad; 3) Las cosas existen perceptiblemente porque existen objetivamente en el entendimiento de Dios. 1. DIOS ES CAUSA DE TODAS LAS COSAS, TANTO DE SUS ESENCIAS COMO DE SUS EXISTENCIAS. Spinoza plantea que Dios, en tanto entendimiento infinito, es causa de todas las cosas, de sus esencias o ideas y de sus existencias (49). El hecho de que no exista nada que no constituya un efecto del entendimiento infinito de Dios, no sólo puede demostrarse por el Escolio de la Proposición 17, sino por el Corolario 1 de la Proposición 16 (50). 2. DIOS NO CAUSA LAS COSAS ARBITRARIAMENTE, SINO POR PURA NECESIDAD. Spinoza se opone a la idea judeo-cristiana que postula a un Dios capaz de producir las cosas por inclinación de su voluntad; un Dios que tiene el poder de decisión sobre la creación de las cosas; en fin, un Dios capaz de actuar arbitrariamente (51). Muy por el contrario, según Spinoza, no hay nada contingente en la creación divina de las cosas, pues Dios produce las cosas por absoluta necesidad (52). Lo que sucede es que en Dios no existen las facultades de la voluntad y el entendimiento humanamente concebidas (53); esto es, libres, independientes (54). En Dios, voluntad y entendimiento no son libres ni independientes, funcionan como una única facultad regida no por la arbitrariedad sino por la pura necesidad (55). La creación necesaria de todas las cosas por parte de Dios, también puede fundamentarse en la Proposición 29 (56). 3. LAS COSAS EXISTEN PERCEPTIBLEMENTE PORQUE EXISTEN OBJETIVAMENTE EN EL ENTENDIMIENTO DE DIOS. Se ha dicho, hasta el momento: que Dios produce todas las cosas, sus respectivas esencias y existencias; y que esta producción no viene dada por un impulso de la libre voluntad, un impulso arbitrario, sino por el funcionamiento conjunto de la voluntad y el entendimiento divinos que, a diferencia de las facultades así denominadas en el ser humano, no son independientes y actúan por absoluta necesidad. Ahora bien, si Dios no tiene la potestad de decidir si crear o no todas las cosas, tanto sus esencias como sus existencias, sino que éstas son producidas necesariamente por su naturaleza, entonces todas las cosas existen perceptiblemente porque existen de manera objetiva y no contingente en el entendimiento de Dios (57). SÍNTESIS DE LA DEMOSTRACIÓN ALTERNA. Con esta demostración pareciera quedar claro que toda la verdad a la que puede aspirar el entendimiento puro, aquello que de manera redundante podría denominarse verdad objetiva, está contenida en el entendimiento divino. Es por esto que Spinoza plantea en la Proposición 30 que el entendimiento puro, humano o divino, debe contener las ideas de Dios: de sus atributos y sus afecciones, que son las ideas objetivas, necesarias, verdaderas; pero ninguna de las ideas de la imaginación, que son indefectiblemente subjetivas, arbitrarias, falsas. Una vez más, en palabras de Spinoza: “El entendimiento finito en acto, o el infinito en acto, debe comprender los atributos de Dios y las afecciones de Dios, y nada más.”
CONCLUSIÓN: LAS IMPLICACIONES DE LA PROPOSICIÓN. Si bien a primera vista, la Proposición 30 del primer libro de la Ética pareciera constituir un postulado sobre el contenido del entendimiento puro; en el fondo, Spinoza pareciera estar planteando allí una conciliación del entendimiento infinito en acto y el entendimiento finito en acto (58). LA IMPLICACIÓN MÁS SUPERFICIAL, QUE CONCIERNE A LA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO: LA CONCILIACIÓN DEL ENTENDIMIENTO DIVINO Y EL HUMANO. Es cierto que en el Escolio de la Proposición 17, Spinoza diferencia radicalmente al entendimiento divino y al entendimiento humano, tanto por sus esencias como por sus existencias (59). Sin embargo, en la Proposición 30, Spinoza logra conciliar el entendimiento infinito y el finito en razón de un aspecto esencial: su forma de conocer. En este sentido, establece que el entendimiento infinito de Dios, conoce de igual manera que el entendimiento finito del ser humano, en tanto conoce ideas verdaderas; ideas que son representaciones de las cosas y que de ninguna manera pueden tener en el entendimiento una existencia anterior a tales cosas (60). En estos términos, Spinoza eleva el entendimiento humano al plano del entendimiento divino y, a su vez, lleva al entendimiento divino al plano del entendimiento humano (61). LA IMPLICACIÓN ESENCIAL, REFERIDA A LA METAFÍSICA: EL DERRUMBAMIENTO DEL DIOS CREADOR JUDEO-CRISTIANO. Recién se ha observado cómo la Proposición 30 concilia el entendimiento finito y el infinito con base en su equivalente modo de conocer. El entendimiento puro, en cualquiera de los casos, conoce ideas; y las ideas no pueden tener en el entendimiento divino una existencia anterior a las cosas, por las mismas razones que no pueden tenerla en el entendimiento humano: las ideas son representaciones de cosas, no pueden existir sin ellas. Ahora bien, este planteamiento no se refiere en último término a la teoría del conocimiento, más bien afecta de modo determinante a la metafísica de Spinoza. Con el planteamiento de esta proposición, se derrumba la posibilidad, apenas sugerida en el Escolio de la Proposición 17, de que el entendimiento de Dios pueda ser anterior a las cosas que se siguen de él, como múltiples efectos de una única causa (62). Y con esto, naturalmente, se derrumba la concepción del entendimiento creador propia de la tradición judeo-cristiana: se derrumba el Dios que, precisamente por ser anterior a las cosas, puede decidir cuáles crear y cuáles no; el Dios que, en fin, puede decidir sobre el destino de su creación (63). ___________________________________ BIBLIOGRAFÍA Ferrater Mora, José: Diccionario de filosofía. Barcelona, Ariel, 1994. ___________________________________ (1) Baruch Spinoza: Ética, I, Proposición XXX. Madrid, Alianza, 1998, p. 84. (A continuación, todas las citas de la Ética de Spinoza se refieren a esta edición de Alianza, con introducción, traducción y notas de Vidal Peña). (2) La lectura de la Ética que se presenta en este trabajo, tiene como base fundamental la exhaustiva y profunda interpretación de la obra de Spinoza llevada a cabo por Martial Gueroult. Se ha consultado específicamente el volumen: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968. (3) Baruch Spinoza: Ética, I, Proposición XIX. Madrid, Alianza, 1998, p. 83-84: “En la naturaleza no hay nada contingente, sino que, en virtud de la necesidad de la naturaleza divina, todo está determinado a existir y obrar de cierta manera. Demostración: Todo lo que es, es en Dios (por la Proposición 15): pero Dios no puede ser llamado cosa contingente. Pues (por la Proposición 11) existe necesariamente, y no contingentemente. Además, los modos de la naturaleza divina se han seguido de ella también de un modo necesario, no contingente (por la Proposición 16), y ello, ya sea en cuanto se la considera en términos absolutos (por la Proposición 21), ya sea en cuanto se la considera como determinada a obrar de cierta manera (por la Proposición 27). Además, Dios es causa de estos modos no sólo en cuanto simplemente existen (por el Corolario de la Proposición 24), sino también (por la Proposición 26) en cuanto se los considera como determinados a obrar algo. Pues si no son determinados por Dios (por la misma Proposición ), es imposible, y no contingente, que se determinen a sí mismos; y, al contrario (por la Proposición 27), si son determinados por Dios, es imposible, y no contingente, que se conviertan a sí mismos en indeterminados. Por lo cual, todas las cosas están determinadas, en virtud de la necesidad de la naturaleza divina, no sólo a existir, sino también a existir y obrar de cierta manera, y no hay nada contingente. / Escolio: Antes de seguir adelante, quiero explicar aquí -o más bien advertir- qué debe entenderse por “naturaleza naturante” y qué por “naturaleza naturada”. Pues creo que ya consta, por lo anteriormente dicho, que por “naturaleza naturante” debemos entender lo que es en sí y se concibe por sí, o sea, los atributos de la sustancia que expresan una esencia eterna e infinita, esto es (por el Corolario 1 de la Proposición 14 y el Corolario 2 de la Proposición 17), Dios, en cuanto considerado como causa libre. Por “naturaleza naturada”, en cambio, entiendo todo aquello que se sigue de la necesidad de la naturaleza de Dios, o sea, de cada uno de los atributos de Dios, esto es, todos los modos de los atributos de Dios, en cuanto considerados como cosas que son en Dios, y que sin Dios no pueden ser ni concebirse.” (4) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 356: “…Les Propositions 21 à 29 ont déduit le mécanisme nécessaire selon lequel Dieu, comme Nature Naturante (Prop. 19 et 20), produit, dans son ensemble et dans son détail, la Nature infinie, c´est-à-dire la Nature Naturée, dont la définition, dans le Scolie de la Proposition 29, est apparue comme une conclusion. Il va s´agir désormais d´examiner ce qui en résulte pour la nature de Dieu. Alors il deviendra possible d´achever d´en préciser le concept, maintenant que la puissance de Dieu a été complètement élucidée quant à son acte causal et quant à ses effets. Or, de cette élucidation, la première conséquence, ce sera la destruction de la notion du Dieu personnel, l´exclusion hors de la nature divine de ses prétendus attributs de volonté et d´entendement…” (5) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 353: “Les propositions précédentes [à la Proposition 30], en déduisant de la nature de Dieu la production nécessaire de l´infinité de ses modes, ont résolu, selon les perspectives et les exigences propres du système, le problème traditionnel de la création. Les trois Propositions qui le suivent visent à renverser tous les obstacles que les doctrines théistes accumulent devant la solution spinoziste, de telle façon que, dans la Proposition 34, puisse se révéler, dans sa définitive et totale transparence, la puissance divine conçue selon sa vraie nature.” (6) Baruch Spinoza: Ética, I, Proposición XXXIV. Madrid, Alianza, 1998, p. 94: “La potencia de Dios es su esencia misma. Demostración: En efecto, de la sola necesidad de la esencia de Dios se sigue que Dios es causa de sí (por la Proposición 11) y (por la Proposición 16 y su Corolario) de todas las cosas. Luego la potencia de Dios, por la cual son y obran él mismo y todas las cosas, es su esencia misma.” (7) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 356: “…Par là [par la Proposition 30] se trouvera démontré ce que le Scolie de la Proposition 17 ne faisait que suggérer, à savoir la fausseté de la doctrine de l´entendement créateur; et seront réfutés ceux qui, acceptant d´exclure toute contingence de la Nature, prétendent que la Nature elle-même est contingente.” (8) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 69: “Otros piensan que Dios es causa libre porque puede, según creen, hacer que no ocurran -o sea, que no sean producidas por él- aquellas cosas que hemos dicho que se siguen de su naturaleza, esto es, que están en su potestad. Pero esto es lo mismo que si dijesen que Dios puede hacer que de la naturaleza del triángulo no se siga que sus tres ángulos valen dos rectos, o que, dada una causa, no se siga de ella un efecto, lo cual es absurdo…” (9) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 69-70: “…Ya sé que hay muchos que creen poder demostrar que a la naturaleza de Dios pertenecen el entendimiento sumo y la voluntad libre, pues nada más perfecto dicen conocer, atribuible a Dios, que aquello que en nosotros es la mayor perfección. Además, aunque conciben a Dios como sumamente inteligente en acto, no creen, con todo, que pueda hacer que existan todas las cosas que entiende en acto, pues piensan que de ese modo destruirían la potencia de Dios. Si hubiese creado -dicen- todas las cosas que están en su entendimiento, entonces no hubiese podido crear nada más, lo que, según creen, repugna a la omnipotencia de Dios, y así han preferido admitir un Dios indiferente a todo, y que nada crea salvo lo que ha decidido crear en virtud de una cierta voluntad absoluta. Pero yo pienso haber mostrado bastante claramente (ver Proposición 16) que de la suma potencia de Dios, o sea, de su infinita naturaleza, han dimanado necesariamente, o sea, se siguen siempre con la misma necesidad, infinitas cosas de infinitos modos, eso es, todas las cosas; del mismo modo que de la naturaleza del triángulo se sigue, desde la eternidad y para la eternidad, que sus tres ángulos valen dos rectos. Por lo cual, la omnipotencia de Dios ha estado en acto desde siempre y permanecerá para siempre en la misma actualidad. Y de esta manera, a mi juicio por lo menos, la omnipotencia de Dios se enuncia mucho más perfectamente. Para decirlo abiertamente: son, muy al contrario, mis adversarios quienes parecen negar la omnipotencia de Dios. En efecto: se ven obligados a confesar que Dios entiende infinitas cosas creables, las cuales, sin embargo, no podrá crear nunca. Pero de otra manera, a saber, si crease todas las cosas que entiende, agotaría, según ellos, su omnipotencia, y se volvería imperfecto. Así pues, para poder afirmar que Dios es perfecto, se ven reducidos a tener que afirmar, a la vez, que no puede hacer todo aquello a que se extiende su potencia, y no veo qué mayor absurdo puede imaginarse, ni cosa que repugne más a la omnipotencia de Dios…” (10) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 70: “…Además (para decir aquí también algo acerca del entendimiento y la voluntad que atribuimos comúnmente a Dios), si el entendimiento y la voluntad pertenecen a la esencia eterna de Dios, entonces ha de entenderse por ambos atributos algo distinto de lo que ordinariamente entienden los hombres. Pues esos entendimiento y voluntad que constituirían la esencia de Dios deberían diferir por completo de nuestros entendimiento y voluntad, y no podrían concordar con ellos en nada, salvo el nombre: a saber, no de otra manera que como concuerdan entre sí el Can, signo celeste, y el can, animal ladrador…” (11) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 70-71: “…Si el entendimiento pertenece a la naturaleza divina, no podrá, como nuestro entendimiento, ser por naturaleza posterior (como creen los más) o simultáneo a las cosas entendidas, supuesto que Dios, en virtud de ser causa, es anterior a todas las cosas (por el Corolario I de la Proposición 16); sino que, por el contrario, la verdad y esencia formal de las cosas es tal y cual manera porque de tal y cual manera existen objetivamente en el entendimiento de Dios. Por lo cual, el entendimiento de Dios, en cuanto se le concibe como constitutivo de la esencia de Dios, es realmente causa de las cosas, tanto de su esencia como de su existencia; lo que parece haber sido advertido también por quienes han aseverado que el entendimiento, la voluntad y la potencia de Dios son todo uno y lo mismo…” (12) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 71-72: “…Y de este modo, como el entendimiento de Dios es la única causa de las cosas, es decir (según hemos mostrado), tanto de su esencia como de su existencia, debe necesariamente diferir de ellas, tanto en razón de la esencia, como en razón de la existencia. En efecto, lo causado difiere de su causa precisamente por aquello que en virtud de la causa tiene. Por ejemplo, un hombre es causa de la existencia, pero no de la esencia, de otro hombre, pues ésta es una verdad eterna, y por eso pueden concordar del todo según la esencia, pero según la existencia deben diferir, y, a causa de ello, si perece la existencia de uno, no perecerá la del otro, pero si la esencia de uno pudiera destruirse y volverse falsa, se destruirá también la esencia del otro. Por lo cual, la cosa que es causa no sólo de la esencia, sino también de la existencia de algún efecto, debe diferir de dicho efecto tanto en razón de la esencia como en razón de la existencia. Ahora bien: el entendimiento de Dios es causa no sólo de la esencia sino también de la existencia de nuestro entendimiento. Luego el entendimiento de Dios, en cuanto se le concibe como constitutivo de la esencia divina, difiere de nuestro entendimiento tanto en razón de la esencia como en razón de la existencia, y no puede concordar con él en cosa alguna, excepto en el nombre, como queríamos. Acerca de la voluntad se procede de la misma manera como cualquiera puede ver fácilmente.” (13) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 69-70: “…Ya sé que hay muchos que creen poder demostrar que a la naturaleza de Dios pertenecen el entendimiento sumo y la voluntad libre, pues nada más perfecto dicen conocer, atribuible a Dios, que aquello que en nosotros es la mayor perfección…” (14) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 275: “Le développement précédent [du Scolie de la Proposition 17] consiste à tirer de l´affirmation qu´ «un entendement suprême et une libre volonté appartiennent à la nature de Dieu», les conséquences qu´elle implique nécessairement. C´est à savoir: 1º qu´en Dieu, entendement et volonté ne font qu´un; 2º que notre entendement et notre volonté sont incommensurables avec l´entendement et la volonté de Dieu, en tant qu´ils sont les effets, cause et effet étant sans commune mesure…” (15) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 353: “Au concept judéo-chrétien de création se lient en effet, comme corollaires, le concept du Dieu personnel dont l´essence est constituée d´un entendement et d´une volonté infinis, et le notions connexes de la fin de la création, du choix du monde, de la finalité, de la bonté ou de la malignité du monde, de la Providence et de la prédestination…” (16) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 353: “…Le concept spinoziste de la production nécessaire des choses par Dieu, substituant la détermination par les causes à la prédestination intentionnelle, entraîne la ruine de tous ces concepts [dérivés de la tradition judéo-chrétien]. Aussi, plus que toute autre, cette section est-elle dominée par une préoccupation polémique, bien celle-ci demeure implicite. Alors que, précédemment, il s´agissait, tout en mettant en évidence la production nécessaire des choses et leur déterminisme universel, de déduire les véritables propres de Dieu, maintenant il s´agit surtout d´expulser de sa nature les faux attributs qui lui ont été illégitimement prêtés, tout en liant définitivement sa nécessité propre à celle qu´il fait régner dans l´univers.” (17) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 353: “Concurremment, achève par là de se dessiner la physionomie du Dieu cause, puissance impersonnelle située au-delà de toute volonté et de tout entendement, productrice spontanée d´une Nature aussi rationnelle et parfaite que son auteur.” (18) Véase epígrafe al principio. (19) José Ferrater Mora: “Entendimiento” en Diccionario de filosofía. Madrid, Ariel, 1994, p. 1027: “Es común entre los filósofos modernos usar «entendimiento» (o los vocablos pertinentes en los diversos idiomas) para designar la entera facultad (o potencia) intelectual. En algunos casos, como en Spinoza, el entendimiento (que así suele traducirse el vocablo spinoziano intellectus en la obra Tractatus de intellectus emendatione: Tratado de la reforma del entendimiento) es equivalente a la «facultad de conocimiento» en sus diversos (cuatro) grados…” (20) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XXXI. Madrid, Alianza, 1998, p. 87: “La razón por la que hablo aquí de entendimiento en acto no es la que yo conceda que hay un entendimiento en potencia, sino que, deseando evitar toda confusión, no he querido hablar más de lo percibido por nosotros con mayor claridad, a saber, de la intelección misma, que es lo que más claramente percibimos. Pues no podemos entender nada que no conduzca a un más perfecto conocimiento del hecho de entender.” (21) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 355-356: “L´entendement ici considéré, c´est l´entendement pur, dégagé de l´imagination, lieu des idées claires et distinctes. Il est dit en acte, non en tant qu´il s´opposerait à un entendement en puissance, lequel n´est qu´une fiction inventée par les péripatéticiens et les scolastiques, mais en tant qu´il est posé ici dans ce qui le constitue essentiellement, à savoir dans l´acte ou l´action de connaître. Le entendement n´est, en effet, jamais rien d´autre qu´un tel acte, de même que ses idées ne sont nécessairement rien d´autre que des actes (actes d´affirmation ou d´intellection). Cette actualité nécessaire est son éternité et celle des idées qui sont en lui…” (22) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 71-72: “…Y de este modo, como el entendimiento de Dios es la única causa de las cosas, es decir (según hemos mostrado), tanto de su esencia como de su existencia, debe necesariamente diferir de ellas, tanto en razón de la esencia, como en razón de la existencia. En efecto, lo causado difiere de su causa precisamente por aquello que en virtud de la causa tiene. […] Por lo cual, la cosa que es causa no sólo de la esencia, sino también de la existencia de algún efecto, debe diferir de dicho efecto tanto en razón de la esencia como en razón de la existencia. Ahora bien: el entendimiento de Dios es causa no sólo de la esencia sino también de la existencia de nuestro entendimiento. Luego el entendimiento de Dios, en cuanto se le concibe como constitutivo de la esencia divina, difiere de nuestro entendimiento tanto en razón de la esencia como en razón de la existencia, y no puede concordar con él en cosa alguna, excepto en el nombre…” (23) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 71: “…la verdad y esencia formal de las cosas es tal y cual manera porque de tal y cual manera existen objetivamente en el entendimiento de Dios…” (24) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 355-356: “…En effet, puisque «l´omnipotence de Dieu a été éternellement en acte et restera éternellement dans la même actualité», elle a produit et produira éternellement l´entendement de ses idées, qui, par conséquent, doivent être éternellement en acte. Cette conclusion vaut pour l´entendement fini autant que pour l´entendement infini, car le premier, n´étant qu´une partie du second, est commensurable avec lui, n´a pas d´autres objets que les siens et les connaît comme lui par des idées adéquates ou infinis, c´est-à-dire vraies.” (25) José Ferrater Mora: “Spinoza” en Diccionario de filosofía. Madrid, Ariel, 1994, p. 3358: “…El sistema de Spinoza tiene un carácter peculiar en la línea del pensamiento moderno después de Descartes. Spinoza se propone, ante todo, buscar en la filosofía el bien supremo que temple el ánimo y proporcione una serena y eterna bienaventuranza. Este bien supremo es producto del conocimiento de Dios como unidad del conjunto del universo. No se trata, sin embargo, de una identificación mística con un principio supremo al modo neoplatónico o místico, sino de un conocimiento racional que debe comenzar por eliminar todo motivo de error, toda representación confusa y vaga. De ahí el punto de partida cartesiano en el método y la primacía del pensar matemático. Spinoza describe cuatro tipos de representaciones: aquellas que son producidas por la mera transmisión verbal; las que nacen por experiencia vaga; las originadas por la relación de un efecto con su causa, y las que proporcionan un conocimiento intuitivo y directo de la naturaleza simple examinada, tales como se realizan en el conocimiento de las verdades matemáticas. Este último tipo de representación es, según Spinoza, el único conocimiento cierto y auténtico. El método debe, por lo tanto, basarse en la definición en tanto que construcción de las notas constitutivas del objeto, de un modo análogo a la definición de las figuras geométricas. Ahora bien, la efectividad de un conocimiento de esta índole es posibilitada por el supuesto de que, dada la correspondencia de los atributos, el orden y conexión de las ideas, entendidas como elementos simples e irreductibles, es igual al orden y conexión de las cosas. Conocer es así contemplar directa e intuitivamente estas ideas simples. Por este motivo debe comenzarse con las definiciones fundamentales que, al señalar las notas constitutivas de los principios supremos, nos permitirán pasar por deducción rigurosa al conocimiento de los principios subordinados. De acuerdo con ello, las proposiciones de los Principios de la filosofía cartesiana y de la Ética están more geometrico demonstratae, demostradas de modo geométrico…” (26) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 355: “Par là [par la Proposition 30] est déduit le contenu nécessaire de l´entendement infini ou fini…” (27) Baruch Spinoza: Ética, I, Definición IV. Madrid, Alianza, 1998, p. 46: “Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de una substancia como constitutivo de la esencia de la misma.” (28) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 47-48: “…ce que l´entendement pur (infini ou fini) perçoit comme constituant de l´essence d´une substance est nécessairement en soi cette essence même. Ainsi, l´attribut n´est rien d´autre qu´une substance en chair et en os, révélée dans ce qui constitue sa nature propre. C´est pourquoi attribut et substance sont interchangeables : «Substantiae, sive, quod idem est, earum attributa»; peuvent recevoir la même définition: «Idea… attributi, id est… rei quae per se et in se concipitur»; «Per substantiam intelligo id quod per se et in se concipitur, etc.»; ont les mêmes propres, en particulier la causa sui : «L´existence (…) suit seulement de la définition ou de l´idée d´un attribut, c´est-à-dire (…) d´une chose qui se conçoit par elle-même et en elle-même». D´où l´on voit qu´entre l´attribut et la substance, il n´y a qu´une différence de raison.” (29) Baruch Spinoza: Ética, I, Definición V. Madrid, Alianza, 1998, p. 47: “Por modo entiendo las afecciones de una substancia. O sea, aquello que es en otra cosa, por medio de la cual es también concebido.” (30) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 57: “Comme il n´y a pas de moyen terme concevable entre être en soi et être en autre, on peut prévoir dès maintenant que toutes les choses se répartiront en deux catégories : les substances (ou attributs) et les affections (ou modes), hors desquelles il n´y a rien. Corrélativement, il n´y aura que deux espèces de définitions de choses : a) la définition des attributs (ou substances) qui, étant en eux-mêmes, se définissent par eux-mêmes ; b) la définition des modes, qui, étant en un autre, se définissent par cet autre. L´attribut est donc au mode comme le genre à la espèce, sans pourtant être un genre…” (31) José Ferrater Mora: “Atributo” en Diccionario de filosofía. Madrid, Ariel, 1994, p. 270: “…El atributo, escribe Spinoza, es «lo que el intelecto conoce de la sustancia como constituyendo su esencia» (Eth., I, def. IV). En cambio, el modo es el carácter accidental y constituye las diferentes formas en que se manifiestan las cosas extensas y pensantes como individualidades que deben su ser a la extensión y al pensamiento, es decir, a los atributos de la sustancia (ibid. def. V)…” (32) Baruch Spinoza: Ética, I, Proposición XIV. Madrid, Alianza, 1998, p. 61-62: “No puede darse ni concebirse substancia alguna excepto Dios. Demostración: Siendo Dios un ser absolutamente infinito, del cual no puede negarse ningún atributo que exprese una esencia de substancia, y existiendo necesariamente (por la Proposición 11), si aparte de Dios se diese alguna substancia, ésta debería explicarse por algún atributo de Dios, y, de este modo, existirían dos substancias con el mismo atributo, lo cual (por la Proposición 5) es absurdo; por tanto, ninguna substancia excepto Dios puede darse ni, por consiguiente, tampoco concebirse. Pues si pudiera concebirse, debería concebirse necesariamente como existente, pero eso (por la primera parte de esta demostración) es absurdo. Luego no puede darse ni concebirse alguna excepto Dios.” (33) Baruch Spinoza: Ética, I, Definición VI. Madrid, Alianza, 1998, p. 47: “Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita. / Explicación: Digo absolutamente infinito, y no en su género; pues de aquello que es meramente infinito en su género podemos negar infinitos atributos, mientras que a la esencia de lo que es absolutamente infinito pertenece todo cuanto expresa su esencia, y no implica negación alguna.” (34) José Ferrater Mora: “Atributo” en Diccionario de filosofía. Madrid, Ariel, 1994, p. 270: “…Extensión y pensamiento son, pues, atributos o caracteres esenciales de la realidad. Para Spinoza, la sustancia infinita [Dios] comprende un número infinito de atributos, de los cuales el intelecto conoce solamente los citados. Los modos son, en cambio, las limitaciones de los atributos, las afecciones de la sustancia.” (35) Baruch Spinoza: Ética, I, Axioma VI. Madrid, Alianza, 1998, p. 48: “Una idea verdadera debe ser conforme a lo ideado por ella.” Esto quedará más claro en la próxima sección del trabajo, cuando se desarrolle este tema en el estudio de la demostración de la Proposición 30. Véase, por lo pronto, lo siguiente: Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 357: “…la démonstration [de la Proposition 30] part de la vérité de ces idées pour établir, au moyen de leur conformité nécessaire à leurs objets, qu´elles ne peuvent être rien d´autre que la fidèle représentation de la Nature, c´est-à-dire de choses données : la substance et ces modes…” (36) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 355: “Selon la Proposition 30, «tout entendement en acte, infini ou fini, doit comprendre les attributs de Dieu et les affections de Dieu et nulle autre chose» […] [C´est-à-dire] L´entendement en acte, infini ou fini, doit avoir les idées du Dieu substance (ou de ses attributs) et de ses affections, mais aucune autre.” (37) Véase epígrafe al principio. (38) Baruch Spinoza: Ética, I, Axioma VI. Madrid, Alianza, 1998, p. 48: “Una idea verdadera debe ser conforme a lo ideado por ella.” (39) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 100-101: “L´Axiome 6: «Une idée vraie doit s´accorder avec l´objet dont elle est l´idée», paraît, à première vue, moins un Axiome qu´une Définition. Cependant, Spinoza lui dénie ce titre. Au début du Livre II, il lui oppose la Définition de l´idée adéquate (Définition 4), qui est bien, elle, une définition de l´idée vraie, puisque, renvoyant à sa propriété intrinsèque, elle considère cette idée en elle-même, et non simplement dans son rapport avec un autre chose. Le présent énoncé, au contraire, ne fait que la caractériser par un rapport, en l´espèce, son rapport de conformité avec l´objet. De ce chef, il est bien un axiome, puisqu´il appartient aux seuls axiomes d´énoncer des rapports (du moins des rapports qui sont des vérités éternelles)… ” (40) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 102: “Bien qu´énonçant ce en quoi consiste la vérité d´une idée, l´Axiome 6 énonce non moins certainement ce en quoi consiste simplement l´idée. En effet, toute idée, n´étant originellement que la façon dont l´entendement pur, fini ou infini, connaît une chose, est par nature vraie, car si Dieu connaît dans son entendement tout ce qu´il produit, il en en résulte que «tout ce qui est objectivement dans son entendement est nécessairement donné dans la Nature». D´où la formule: que «Idea eodem modo se habet objective ac ipsius ideatum se habet realiter». Par là on s´explique que la conformité de l´idée à son idéat dénoté à la fois ce qu´est la vérité d´une idée et ce qu´est sa nature. Ce qui conduit à identifier vérité et idée: «Ipsa veritas, aut essentiae objectivae rerum, aut ideae (omni ailla idem significant)».” (41) Baruch Spinoza: Ética, I, Proposición XIV. Madrid, Alianza, 1998, p. 62: “No puede darse ni concebirse substancia alguna excepto Dios. Demostración: Siendo Dios un ser absolutamente infinito, del cual no puede negarse ningún atributo que exprese una esencia de substancia, y existiendo necesariamente (por la Proposición 11), si aparte de Dios se diese alguna substancia, ésta debería explicarse por algún atributo de Dios, y, de este modo, existirían dos substancias con el mismo atributo, lo cual (por la Proposición 5) es absurdo; por tanto, ninguna substancia excepto Dios puede darse ni, por consiguiente, tampoco concebirse. Pues si pudiera concebirse, debería concebirse necesariamente como existente, pero eso (por la primera parte de esta demostración) es absurdo. Luego no puede darse ni concebirse alguna excepto Dios. / Corolario I: De aquí se sigue muy claramente: primero, que Dios es único, esto es (por la Definición 6), que en la naturaleza no hay sino una sola substancia y que ésta es absolutamente infinita, como ya indicamos en el Escolio de la Proposición 10. / Corolario II: Se sigue: segundo, que la cosa extensa y la cosa pensante, o bien son atributos de Dios, o bien (por el Axioma 1) afecciones de los atributos de Dios.” (42) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 221: “…Dieu est unique, étant non point l´Un vide et sans différence de l´Eléate, mais la substance unique incluant en elle toutes les réalités.” (43) Baruch Spinoza: Ética, I, Proposición XV. Madrid, Alianza, 1998, p. 62: “Todo cuanto es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni concebirse. Demostración: Excepto Dios, no existe ni puede concebirse substancia alguna (por la Proposición 14), esto es (por la Definición 3), cosa alguna que sea en sí y se conciba por sí. Pero los modos (por la Definición 5) no pueden ser ni concebirse sin una substancia; por lo cual pueden sólo ser en la naturaleza divina y concebirse por ella sola. Ahora bien, nada hay fuera de substancias y modos (por el Axioma 1). Luego nada puede ser ni concebirse sin Dios.” (44) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 222: “En effet, nulle substance ne peut ni être, ni être conçue hors de Dieu (Prop. 14), et nul mode non plus, puisqu´aucun ne peut ni être, ni être conçue sans la substance. –De là il résulte que les choses sont immanentes à Dieu, leur immanence étant déduite comme une propriété nécessaire de l´essence de Dieu.” (45) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 223: “Par l´immanence des choses à Dieu est jeté le premier fondement du panthéisme, ou, plus exactement, d´une certaine forme de panthéisme. Ce n´est pas le panthéisme proprement dit, car tout n´est pas Dieu. Ainsi, les modes son en Dieu, sans cependant être Dieu à la rigueur, car, postérieurs à la substance, produits par elle, et, à ce titre, sans commune mesure avec elle, ils en différent toto genere…” (46) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 355: “…En effet, toute idée vraie devant s´accorder avec l´objet dont elle est l´idée (Axiome 6), la réalité objective des idées contenues dans l´entendement dont nécessairement, comme il est connu de soi, être la fidèle représentation des choses donnés dans la Nature…” (47) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 355: “…Or, rien n´est donné dans la Nature hors Dieu, substance unique, et ses affections (Prop. 14 et 15) …” (48) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 356: “Par là [par la Proposition 30] se trouvera démontré ce que le Scolie de la Proposition 17 ne faisait que suggérer, à savoir la fausseté de la doctrine de l´entendement créateur ; et seront réfutés ceux qui, acceptant d´exclure toute contingence de la Nature, prétendent que la Nature elle-même est contingente.” (49) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 71: “…el entendimiento de Dios, en cuanto se le concibe como constitutivo de la esencia de Dios, es realmente causa de las cosas, tanto de su esencia como de su existencia…” (50) Baruch Spinoza: Ética, I, Corolario I de la Proposición XVI. Madrid, Alianza, 1998, p. 68: “De aquí se sigue: primero, que dios es causa eficiente de todas las cosas que pueden caer bajo un entendimiento infinito.” (51) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 69: “Otros piensan que Dios es causa libre porque puede, según creen, hacer que no ocurran -o sea, que no sean producidas por él- aquellas cosas que hemos dicho que se siguen de su naturaleza, esto es, que están en su potestad. Pero esto es lo mismo que si dijesen que Dios puede hacer que de la naturaleza del triángulo no se siga que sus tres ángulos valen dos rectos, o que, dada una causa, no se siga de ella un efecto, lo cual es absurdo…” (52) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 69: “…Pero yo pienso haber mostrado bastante claramente (ver Proposición 16) que de la suma potencia de Dios, o sea, de su infinita naturaleza, han dimanado necesariamente, o sea, se siguen siempre con la misma necesidad, infinitas cosas de infinitos modos, eso es, todas las cosas; del mismo modo que de la naturaleza del triángulo se sigue, desde la eternidad y para la eternidad, que sus tres ángulos valen dos rectos.” (53) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 70: “…Además (para decir aquí también algo acerca del entendimiento y la voluntad que atribuimos comúnmente a Dios), si el entendimiento y la voluntad pertenecen a la esencia eterna de Dios, entonces ha de entenderse por ambos atributos algo distinto de lo que ordinariamente entienden los hombres. Pues esos entendimiento y voluntad que constituirían la esencia de Dios deberían diferir por completo de nuestros entendimiento y voluntad, y no podrían concordar con ellos en nada, salvo el nombre: a saber, no de otra manera que como concuerdan entre sí el Can, signo celeste, y el can, animal ladrador…” (54) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 69: “…Ya sé que hay muchos que creen poder demostrar que a la naturaleza de Dios pertenecen el entendimiento sumo y la voluntad libre, pues nada más perfecto dicen conocer, atribuible a Dios, que aquello que en nosotros es la mayor perfección. Además, aunque conciben a Dios como sumamente inteligente en acto, no creen, con todo, que pueda hacer que existan todas las cosas que entiende en acto, pues piensan que de ese modo destruirían la potencia de Dios. Si hubiese creado -dicen- todas las cosas que están en su entendimiento, entonces no hubiese podido crear nada más, lo que, según creen, repugna a la omnipotencia de Dios, y así han preferido admitir un Dios indiferente a todo, y que nada crea salvo lo que ha decidido crear en virtud de una cierta voluntad absoluta…” (55) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 71: “…lo que parece haber sido advertido también por quienes han aseverado que el entendimiento, la voluntad y la potencia de Dios son todo uno y lo mismo…” (56) Baruch Spinoza: Ética, I, Proposición XIX. Madrid, Alianza, 1998, p. 83-84: “En la naturaleza no hay nada contingente, sino que, en virtud de la necesidad de la naturaleza divina, todo está determinado a existir y obrar de cierta manera. Demostración: Todo lo que es, es en Dios (por la Proposición 15): pero Dios no puede ser llamado cosa contingente. Pues (por la Proposición 11) existe necesariamente, y no contingentemente. Además, los modos de la naturaleza divina se han seguido de ella también de un modo necesario, no contingente (por la Proposición 16), y ello, ya sea en cuanto se la considera en términos absolutos (por la Proposición 21), ya sea en cuanto se la considera como determinada a obrar de cierta manera (por la Proposición 27). Además, Dios es causa de estos modos no sólo en cuanto simplemente existen (por el Corolario de la Proposición 24), sino también (por la Proposición 26) en cuanto se los considera como determinados a obrar algo. Pues si no son determinados por Dios (por la misma Proposición ), es imposible, y no contingente, que se determinen a sí mismos; y, al contrario (por la Proposición 27), si son determinados por Dios, es imposible, y no contingente, que se conviertan a sí mismos en indeterminados. Por lo cual, todas las cosas están determinadas, en virtud de la necesidad de la naturaleza divina, no sólo a existir, sino también a existir y obrar de cierta manera, y no hay nada contingente…” (57) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 71: “…la verdad y esencia formal de las cosas es tal y cual manera porque de tal y cual manera existen objetivamente en el entendimiento de Dios…” (58) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 357: “…la véritable intention de Spinoza, contrairement à ce que peut donner à penser, de prime abord, l´énoncé de la Proposition, n´est pas, en l´espèce, de déduire le contenu nécessaire de tout entendement pur, infini ou fini, bien que cette déduction demeure acquise : c´est d´établir que l´entendement infini, non seulement a les mêmes objets que l´entendement fini, mais qu´il les connaît de la même façon que lui, les idées ne faisant dans l´un comme dans l´autre que représenter des choses données…” (59) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 71-72: “…Y de este modo, como el entendimiento de Dios es la única causa de las cosas, es decir (según hemos mostrado), tanto de su esencia como de su existencia, debe necesariamente diferir de ellas, tanto en razón de la esencia, como en razón de la existencia. En efecto, lo causado difiere de su causa precisamente por aquello que en virtud de la causa tiene. Por ejemplo, un hombre es causa de la existencia, pero no de la esencia, de otro hombre, pues ésta es una verdad eterna, y por eso pueden concordar del todo según la esencia, pero según la existencia deben diferir, y, a causa de ello, si perece la existencia de uno, no perecerá la del otro, pero si la esencia de uno pudiera destruirse y volverse falsa, se destruirá también la esencia del otro. Por lo cual, la cosa que es causa no sólo de la esencia, sino también de la existencia de algún efecto, debe diferir de dicho efecto tanto en razón de la esencia como en razón de la existencia. Ahora bien: el entendimiento de Dios es causa no sólo de la esencia sino también de la existencia de nuestro entendimiento. Luego el entendimiento de Dios, en cuanto se le concibe como constitutivo de la esencia divina, difiere de nuestro entendimiento tanto en razón de la esencia como en razón de la existencia, y no puede concordar con él en cosa alguna, excepto en el nombre, como queríamos. Acerca de la voluntad se procede de la misma manera como cualquiera puede ver fácilmente.” (60) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 357: “…l´introduction du concept d´entendement fini dans un théorème où il s´agit en fait de Dieu n´a plus rien de mystérieux, puisqu´il s´agit d´établir que sur ce point décisif: le rapport de l´idée a la chose, il n´y a aucune différence entre l´entendement infini et l´entendement fini. L´énoncé qui répondrait le mieux à l´intention réelle de la Proposition serait donc: «Il est faux que l´entendement infini en acte diffère de l´entendement fini en acte pour ce qu´il précéderait les choses au lieu de les représenter, car tout entendement en acte, fini oui infini, n´a d´autres idées que celles de choses en acte, à savoir la substance et ses modes». Mais un tel énoncé donnerait à la Proposition un caractère expressément polémique qui répugne à la manière de Spinoza. Il préfère une formule où elle se présente comme apportant un acquis positif nouveau, à savoir la révélation du contenu nécessaire de tout entendement infini et fini…” (61) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 358: “…Ainsi, d´un côté, l´entendement humain est haussé au niveau de l´entendement divin, puisque les choses qu´il connaît sont des choses que Dieu même connaît et qu´il les connaît de la même façon et avec la même vérité que Dieu, et, d´un autre côté, l´entendement divin est ramené au niveau de l´entendement humain, puisque, comme celui-ci, il ne peut avoir les idées des choses avant que ces choses soient, mais seulement si ces choses sont données ; étant sous-entendu, d´autre part, ce qui sera démontré ultérieurement, que ces choses ne sont pas produites avant les idées, mais en même temps qu´elles, Dieu produisant simultanément les modes de ses divers attributs.” (62) Baruch Spinoza: Ética, I, Escolio de la Proposición XVII. Madrid, Alianza, 1998, p. 70-71: “…Si el entendimiento pertenece a la naturaleza divina, no podrá, como nuestro entendimiento, ser por naturaleza posterior (como creen los más) o simultáneo a las cosas entendidas, supuesto que Dios, en virtud de ser causa, es anterior a todas las cosas (por el Corolario I de la Proposición 16)…” (63) Martial Gueroult: Spinoza - Dieu (Ethique, 1). París, Aubier-Montaigne, 1968, p. 357: “…Car, de ce fait, il devient impossible de soutenir que dans l´entendement de Dieu les idées précèdent les choses. Ainsi se trouve détruit le concept de l´entendement créateur, et en même temps le concept de fin, puisqu´un tel concept suppose l´antériorité de l´idée par rapport á la chose en acte…” |