Apolíneo - dionisiaco - Nicola Abbagnano
Apolíneo - dionisiaco (ingl. appollonian-dionysian; franc.
apollinisme-dionysisme; alem. apollinisch-dionysisch).
La antítesis entre apolíneo y dionisiaco fue expresada
por Schelling como la antítesis entre la forma y el orden, por
un lado, y el oscuro impulso creador, por el otro. Estos dos aspectos,
al decir de Schelling, se reconocen en todo momento poético (Phil.
der Offenbarung Werke ["Filosofía de la revelación"],
24, en Werke ["Obras"], II, 4, p.25). Hegel a su vez
se refirió a esta antítesis afirmando: "Lo verdadero
es un triunfo báquico, donde no hay quien no esté ebrio;
y porque este triunfo resuelve todo momento que tiende a separarse,
así es también una transparente y simple quietud"
(Phänom. des Geistes, Introd., III, 2; trad. ital., p.40).
Adoptada de nuevo por Richard Wagner (Die Kunst und die Revolution
["El arte y la revolución"], 1849) la antítesis
fue más tarde difundida, expuesta y popularizada por Nietzsche,
que se valió de ella en el Origen de la tragedia (1871)
para explicar el arte y la vida de la antigua Grecia. El espíritu
apolíneo domina las artes plásticas, que son armonía
de formas; el espíritu dionisiaco domina la música
que, en cambio, está privada de forma, ya que es ebriedad y exaltación
entusiasta. Según Nietzsche, los griegos lograron soportar la
existencia sólo en virtud del espíritu dionisiaco. Bajo
la influencia de la verdad contemplada, el griego veía en todas
partes el aspecto horrible y absurdo de la existencia; el arte vino
en su socorro, transfigurando lo horrible y lo absurdo en imágenes
ideales, en virtud de las cuales la vida se hizo aceptable (Geburt
der Tragödie, §7; trad. esp.: El origen de la tragedia,
Madrid, 1932). El espíritu dionisiaco, modulado y disciplinado
por el espíritu apolíneo realizó y dio origen a
la tragedia y a la comedia. Más tarde, Nietzsche vio en el espíritu
dionisiaco el fundamento mismo del arte en cuanto éste "corresponde
a los estados de vigor animal" (Wille zur Macht, §361,
ed. Kröner, 802; trad. esp.: La voluntad de dominio, Madrid,
1932). El estado apolíneo no es más que el resultado extremo
de la ebriedad dionisiaca, una especie de simplificación y concentración
de la ebriedad misma. El estilo clásico representa este estado
y es la forma más elevada del sentimiento de dominio. A ejemplo
de Nietzsche, Spengler ha denominado apolínea al "alma de
la cultura antigua que ha elevado el cuerpo individual presente y sensible
como tipo ideal de la extensión". Son apolíneos "la
estática mecánica, los cultos materiales de los dioses
del Olimpo, las ciudades griegas políticamente aisladas, el destino
de Edipo y el símbolo de la falta" (Untergang des Abendlandes,
I, 3, 2, §6; trad. esp.: La decadencia de Occidente, Madrid,
1934). Esta caracterización, como la del faustismo, que
es correspondiente, es perfectamente arbitraria y fantástica.
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Abbagnano, Nicola: Diccionario de filosofía. México,
Fondo de Cultura Económica, 1974.